Por: Diógenes Armando Pino Ávila
“El canto vallenato” heredero
directo de la Tambora, al igual que esta, nace, crece y evoluciona en un
entorno rural, con olor a yerbas, arrullado por el trinar de los pájaros, bajo
la sombra de árboles centenarios, que bordeaban los caminos por donde los
campesinos, los vaqueros, los leñadores, los
pescadores transitaban en su cotidianidad. Este escenario descrito, incentivaba el magín
de estas personas sencillas y permitía que fluyera en forma espontánea la
melodía y después el mensaje del canto con que expresaban sus amores y
desamores, su admiración o su repudio hacia algunos actos y hechos de su
comunidad; otras veces cantaban deslumbrados a la naturaleza, a la belleza del
paisaje, a su mundo, ese pequeño universo que los circundaba.





